MIL RAZONES PARA SER MAESTRO
Soy docente
Soy maestro porque…
Aquí
están algunas de esas respuestas, dirigidas a quienes me preguntaron y a
quienes no lo hicieron del por qué soy y siempre he deseado
ser maestro. Son respuestas sobre todo para mí mismo y para ese maestro que
hace ya algún tiempo habita en mi interior:
Soy maestro porque se me ha concedido el privilegio de construir
mundos posibles y soñar con universos imposibles. Porque comparto el cambio
para mejorar y a veces también hago que el cambio ocurra.
Soy maestro porque cada día aprendo el doble de lo que enseño.
Porque es la única forma que existe de ganarlo todo sin perder nada. Soy
maestro porque me siento como el alfarero tomando en mis manos mentes inocentes
que al pasar por mis clases se convertirán, contando siempre con la ayuda de
Dios, en preciosos elementos de la alfarería social.
Soy maestro porque tengo la oportunidad de compartir con seres
humanos de verdad, con personas de carne y hueso; con gente que se equivoca,
que tropieza y cae y se vuelve a levantar sin rendirse ni maldecir.
Soy maestro porque mis alumnos y alumnas, es decir, mi gente, me
conceden el privilegio de contarme sus confidencias, de expresarme sus
desalientos y manifestarme sus ilusiones. Soy maestro porque siéndolo ejercito
un oficio desafiante, que es, al mismo tiempo muy fácil y también bastante
difícil.
Es ingrata y a veces injusta mi profesión. Pero tiene algo
especial, por encima de las injusticias y de las ingratitudes, me gusta ser
maestro.
Soy maestro porque me fascina el instante mágico en que descubro
unos ojos atentos, una mente abierta, un rostro optimista, una postura de
entusiasmo: con ellos marcho por la senda del acuerdo y de los éxitos
compartidos. Y también soy maestro porque me agrada el ceño arrugado del
estudiante incrédulo, los ojos entrecerrados del que duda, la pregunta ingenua
del confundido, la afirmación retadora del hombre crítico… esos gestos, esas
acciones y sus dueños, me avisan que sigo siendo humano y que puedo
equivocarme.
Vivo mi existencia intensamente siendo maestro y, pensándolo bien,
no creo que haya una forma de vivir más intensamente la vida. Soy maestro
porque tengo fe, esperanza y amor. Tengo fe en Jesús, el verdadero MAESTRO, fe
en un porvenir del cual se me ha permitido ser protagonista, porque tengo la
esperanza de caminar algún día por un camino tan amplio en donde tú y yo
podamos transitar sin tropezarnos y tan angosto que pueda sentir de cerca
nuestros afectos y el calor humano. Y tengo el amor que cientos de personas me
dan y me reciben mientras hago lo único que creo ser capaz de hacer bien: ser
maestro de escuela, con la ayuda de mi mejor MAESTRO.
Quiero, pues, expresar a todo el mundo que soy maestro porque
los maestros somos… …constructores de paz…sembradores de sueños…forjadores del
progreso…visionarios de mundos nuevos y mejores. Es por eso que, maestro soy, y
por siempre lo seré.
UN MAESTRO
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